Mikel Varas

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Escultura Insomnios

Cuando la voz humana es empequeñecida, enmudecida, las palabras asoman al aire por medio de otras vibraciones. Extienden sus significados en otros territorios, los del secreto, los del sueño, los del misterio, los de la sorpresa y el descubrimiento, de los que emergen los insomnios. Esos despertares que invocan ecos sonoros y fantasmas existenciales. Sus formas y tamaños definitivos solo se conocen definitivamente cuando nos llaman por nuestro nombre. Penetran por nuestros sentidos y se alojan en nuestro pensamiento, para invadir nuestro cuerpo por completo. Así es su involuntaria llamada. Así es esa resonancia. Reúnen el aire en una corporeidad metasemántica. Como todo significado que tenga vida y tiempo, llama a una íntima reconciliación, a una transparente y tímida petición de perdón. El sueño.

 

Así, los insomnios son ese punto de unión imposible entre los pasos dados y los pasos no dados. Nos muestran las huellas de lo que fuimos y somos, y de lo que no fuimos y no somos. Son la materia del límite que separa la afirmación y la negación. Lo rechazado vuelve, lo poseído nos abandona, y, en el punto de unión, en la superficie total aparecen los insomnios.